Un proyecto en el que se entra en un mundo incluso antes de embarcar
Rookburgh no es simplemente una nueva zona con una montaña rusa. Todo el barrio está concebido como una ciudad industrial imaginaria en la que los restaurantes, los pasajes, el Hotel Charles Lindbergh y la atracción principal participan del mismo relato visual.
F.L.Y., la primera montaña rusa voladora lanzada del mundo, aporta al proyecto su dimensión técnica y espectacular. Pero la importancia histórica de Rookburgh reside sobre todo en el conjunto: aquí Phantasialand ofrece una experiencia coherente, compacta y muy reconocible que prolonga aún más su lógica de inmersión total.