1991 - Apertura
Los Piratas, el fuerte desaparecido que marcó Bellewaerde
Desde las obras visibles en 1990 hasta la transformación del edificio en Huracan: la historia de uno de los proyectos más ambiciosos del parque.
Los Piratas llevó a varias generaciones por un fuerte español lleno de piratas, fantasmas y animatrónica. Un recorrido por su diseño, sus escenas, sus efectos y su cierre en 2012.
Volver a la cronologíaUna respuesta ambiciosa a la llegada de Disneyland
A finales de los años ochenta, la construcción de Euro Disneyland cambia las ambiciones de los grandes parques europeos. Luc, Éric y Carlo Florizoone deciden que Bellewaerde necesita una atracción capaz de ocupar un lugar importante en este nuevo panorama. Eligen una gran navegación escénica cubierta, inspirada en Pirates of the Caribbean pero con una aventura propia en el Caribe español. Durante el verano de 1990, los visitantes ven cómo se levanta el fuerte bajo el nombre provisional Los Piratos. La inversión de 150 millones de francos belgas, unos 3,75 millones de euros, la convierte entonces en la realización más costosa de la historia del parque.
Un fuerte español construido alrededor de un río
Bellewaerde encarga la escenografía a la empresa británica Golding Leisure Design, después convertida en Space Leisure, mientras Mack Rides realiza el sistema de transporte. El edificio ocupa unos 3.805 metros cuadrados y alcanza nueve metros de altura. La cola cubierta conduce poco a poco hasta el embarque situado en la primera planta, donde doce barcas inician un recorrido de 250 metros repartido entre dos estanques. Cerca de dos millones de litros de agua y treinta bombas generan la corriente. El fuerte no es, por tanto, una simple fachada: contiene una atracción completa de dos niveles, diseñada para aislar al visitante del resto de Mexico.
Nueve escenas para contar el saqueo de Yucatán
El viaje comienza junto al gobernador de México y el corsario John Speedy, aliados en un complot para apoderarse de los tesoros mayas. Después de la fundición del oro, la barca desciende hacia una tormenta con barcos encallados, rayos y un volcán en erupción. La ciudad fortificada de Cabo Real aparece en llamas, antes de que los piratas invadan un templo lleno de sarcófagos, ídolos y tesoros. Los espíritus mayas se manifiestan para expulsarlos y el recorrido desemboca en la gran batalla naval. En la última cueva, un esqueleto se burla de los pasajeros mientras tres músicos piratas celebran la victoria. Esta continuidad daba a Los Piratas la fuerza de una historia completa y no de una simple sucesión de decorados.
Efectos ocultos detrás de los decorados
Unas cincuenta y cinco figuras animadas, acompañadas por numerosos objetos en movimiento, daban vida a las nueve escenas. El aire comprimido accionaba buena parte de los personajes y efectos, mientras el sonido se controlaba de forma digital. En el templo, un cristal colocado en diagonal hacía aparecer a los fantasmas mediante el principio de Pepper’s ghost: las figuras reales se iluminaban en un espacio oculto y sus reflejos parecían surgir entre los piratas. Los disparos de cañón combinaban luz, sonido, aire y agua. Durante más de siete minutos, esta maquinaria permanecía casi invisible para que el visitante solo percibiera el fuerte, la tormenta y los personajes.
Veintiuna temporadas y una segunda vida para el edificio
Los Piratas recibe a sus últimos pasajeros el 1 de septiembre de 2012, después de veintiuna temporadas. Las escenas se desmontan en pocas semanas, aunque varios accesorios y elementos animatrónicos se conservan para usos posteriores, especialmente durante eventos de temporada. El 14 de septiembre, Bellewaerde anuncia que el fuerte albergará Huracan. La nueva montaña rusa abre el 30 de marzo de 2013 en el mismo edificio, cuyo exterior se convierte en un templo maya. La transformación elimina el recorrido acuático sin hacer desaparecer toda su estructura. Los Piratas permanece así como una etapa fundamental de la historia del parque: una atracción concebida a gran escala, narrada como una historia completa y todavía reconocible en la arquitectura que sobrevivió.
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